
HEBREOS 8. UN NUEVO PACTO
Devocionales Bíblicos Jesus Is Life
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Episode · 6:00 · Jan 15, 2026
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UN NUEVO PACTOHEBREOS 8:7 Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto. 8 Pero cuando Dios encontró defectos en el pueblo, dijo: Llegará el día, dice el SEÑOR, en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y de Judá. 10 Pero éste es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel en ese día, dice el SEÑOR: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 13 Cuando Dios habla de un «nuevo» pacto, quiere decir que ha hecho obsoleto al primero, el cual ha caducado y pronto desaparecerá. NTV.El anhelo de Dios al crear al hombre fue que el hombre y toda su descendencia mantuviera una íntima relación con Él. Esperaba que lo aceptaran como su único Dios verdadero, a Quien amar y entregarle su vida y su adoración, pero el hombre al tener libertad de pensamiento y de acción, decidió apartarse de la voluntad de su Creador y vivir bajo los impulsos de su naturaleza de pecado, heredada de su caída en el huerto de Edén. Pero pese a la negativa del hombre de reconocerlo como su único Dios verdadero, el eterno Creador no los abandono a su suerte, más bien, busco la manera de atraerlos nuevamente a su presencia, perdonándoles sus rebeliones y pecados. Para restablecer esta relación con la humanidad, el eterno Creador escogió a un pueblo de entre todos los pueblos del mundo para realizar una alianza, un pacto sellado con sangre, en el cual Dios se comprometió a adoptarlos como su pueblo y el pueblo se comprometería a aceptarlos como su único Dios verdadero. Este pacto fue firmado en el monte Sinaí en presencia de todo el pueblo y sellado con la sangre de un animal, que fue sacrificado con este propósito. Conforme a su pacto, Dios adoptó al pueblo hebreo de entre todos los pueblos, les protegió de todo peligro, les cuido satisfaciendo cada una de sus necesidades y no solo eso, les dio una identidad y un territorio para que se establecieran como una nación, pero en contraste a Dios, el pueblo hebreo no pudo cumplir con su parte del pacto, no adopto al eterno Creador como su único Dios verdadero, en su lugar fueron tras otros dioses para rendirles adoración. Pero Dios, en su misericordia, no los abandonó a su incapacidad al hombre. Él mismo tomó la iniciativa de establecer un nuevo pacto, uno que no se basa en tablas de piedra ni en rituales externos, sino en una transformación interior. La promesa maravillosa es que Dios escribiría sus leyes en sus mentes y corazones. El primer pacto, aunque santo y dado por Dios, tenía limitaciones no por culpa de Dios, sino por la debilidad del pueblo. La ley era perfecta, pero el corazón humano no podía cumplirla plenamente. Por eso, Dios prometió algo radicalmente distinto: un nuevo pacto, no escrito en pergamino ni tallado en piedra, sino inscrito en la mente y en el corazón de su pueblo. Este nuevo pacto no depende de la capacidad de las personas para obedecer, sino de la fidelidad de Dios para perdonar, habitar y transformarlas. Ya no se trata de “hacer” para ser aceptados, sino de “ser” porque ya son amados. En Cristo, Dios no solo perdona los pecados a los hombres, sino que les da su Espíritu para que vivan conforme a su voluntad desde adentro hacia afuera. Las leyes ya no están solo en tablas de piedra, sino inscritas en la mente y en el corazón del hombre por el Espíritu Santo. Los redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo ya no son meros observadores de normas, sino hijos amados en comunión viva con el Padre. “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” deja de ser una promesa lejana para convertirse en una realidad diaria.
6m · Jan 15, 2026
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